Del bazar a tu mesa: los sabores de Persia que están conquistando las cocinas de Madrid
Photo: Rainer Zenz, Public domain, via Wikimedia Commons
Hay algo casi mágico en la gastronomía persa. No es solo comida: es una filosofía de vida que mezcla lo dulce con lo agrio, lo especiado con lo floral, lo sencillo con lo elaborado. Y aunque muchos madrileños todavía asocian Oriente Medio con el hummus o el kebab, la cocina iraní es un universo completamente distinto, lleno de matices que merece la pena explorar desde tu propia cocina.
Por suerte, Madrid tiene cada vez más tiendas especializadas donde encontrar los ingredientes clave, y una comunidad persa que lleva años compartiendo sus tradiciones culinarias con quien quiera escuchar.
El azafrán: el oro rojo que lo cambia todo
Si hay un ingrediente que define la cocina persa, ese es el azafrán. Irán es el mayor productor mundial de esta especia, y allí no se usa a cuentagotas como en la paella valenciana: se emplea con generosidad y convicción. La clave está en saber prepararlo bien.
"El error más común que veo en España es añadir el azafrán directamente al guiso", nos cuenta Maryam Tehrani, cocinera iraní afincada en el barrio de Lavapiés desde hace más de una década. "Hay que molerlo primero con un poco de azúcar o sal, disolverlo en agua caliente y dejarlo reposar. Así obtienes todo el color y el aroma". Este proceso, conocido como dam kardan, es el primer secreto que cualquier aprendiz de cocina persa debe dominar.
En Madrid puedes encontrar azafrán iraní de calidad en tiendas especializadas del barrio de Tetuán o en algunos comercios del mercado de Maravillas. La diferencia con el azafrán genérico es notable.
El tahdig: la corteza de arroz que enamora
Si tuviéramos que elegir un solo plato que represente la cocina persa, sería sin duda el arroz con tahdig. Esta palabra farsi significa literalmente "fondo de la olla", y hace referencia a esa capa crujiente y dorada que se forma en la base cuando el arroz se cocina correctamente.
Prepararlo requiere paciencia, pero no es tan difícil como parece. El proceso empieza lavando el arroz de grano largo (basmati es el más fácil de encontrar en Madrid) varias veces hasta que el agua salga clara. Luego se hierve brevemente, se escurre y se vuelve a poner en la olla con aceite o mantequilla, envuelto en un trapo de cocina bajo la tapa para absorber el vapor. El resultado es un arroz ligero y suelto con una base crujiente que los iraníes consideran el mayor tesoro del plato.
"Cuando era pequeña, mis hermanos y yo nos peleábamos por el tahdig", recuerda Shirin Moradi, que organiza talleres de cocina iraní en Madrid. "Ahora veo lo mismo en mis alumnos españoles cuando lo prueban por primera vez. La reacción siempre es la misma: sorpresa y adicción inmediata".
Agua de rosas: el toque floral que sorprende
Otro ingrediente imprescindible en la despensa persa es el agua de rosas, que en Irán se usa tanto en repostería como en platos salados. En Madrid la encontrarás en herboristerías, tiendas árabes y cada vez más en grandes superficies. Su uso más clásico es en el faloodeh, un sorbete tradicional con fideos de almidón, o en el arroz con leche iraní (shir berenj).
Pero el agua de rosas también aparece en guisos de cordero y en salsas de frutos secos que acompañan carnes. "A los españoles les cuesta un poco al principio", admite Maryam con una sonrisa. "Están acostumbrados a que lo floral sea solo para los postres. Pero cuando lo prueban en un guiso de pollo con nueces y granada, entienden por qué llevamos siglos usándolo".
Cinco recetas persas para empezar tu aventura culinaria
1. Fesenján (guiso de pollo con nueces y melaza de granada)
Uno de los platos más emblemáticos de la cocina iraní. Se prepara con pollo, nueces molidas y melaza de granada (rob-e anar), que puedes encontrar en tiendas árabes de Madrid. El resultado es un guiso oscuro, agridulce y absolutamente adictivo.
2. Ghormeh sabzi (estofado de hierbas con cordero)
Considerado el plato nacional de Irán por muchos, combina hierbas frescas (perejil, cilantro, cebollino) con cordero, judías rojas y lima seca. La lima seca (limu omani) es el ingrediente más difícil de encontrar, pero algunas tiendas persas en el barrio de Usera la tienen.
3. Ash reshteh (sopa de fideos y legumbres)
Una sopa espesa y reconfortante, perfecta para el invierno madrileño. Lleva garbanzos, lentejas, espinacas, fideos y se remata con cebolla frita, suero de leche (kashk) y menta seca. Ideal para veganizar sustituyendo el kashk por yogur de soja.
4. Kuku sabzi (tortilla persa de hierbas)
Esta tortilla iraní no tiene nada que ver con la española: es una mezcla densa de hierbas picadas (perejil, eneldo, cebollino, fenogreco) con muy poco huevo. Se sirve fría o caliente y es perfecta como aperitivo o tapa.
5. Sholeh zard (arroz con leche de azafrán)
El postre más tradicional de Irán, similar al arroz con leche español pero perfumado con azafrán y agua de rosas, y decorado con canela y pistachos. Un puente perfecto entre las dos culturas culinarias.
Dónde encontrar los ingredientes en Madrid
La comunidad persa de Madrid se concentra sobre todo en los barrios de Tetuán, Chamartín y Lavapiés, donde encontrarás tiendas con productos iraníes importados. El mercado de Maravillas y el de Barceló también tienen puestos con especias y productos orientales de calidad.
Para el azafrán de primera calidad, algunas tiendas de La Latina y el centro importan directamente desde Khorasan, la región iraní donde se cultiva el mejor del mundo. Pregunta siempre por el origen: la diferencia en sabor y aroma es enorme.
Una cocina que invita a tomarse el tiempo
Quizás lo más valioso que la gastronomía persa puede aportar a los madrileños, siempre en movimiento, es precisamente su filosofía: cocinar sin prisas, con ingredientes de calidad, respetando los procesos. El tahdig no se puede apresurar. El azafrán necesita su tiempo de reposo. Las hierbas del ghormeh sabzi hay que picarlas con cariño.
En una ciudad donde el delivery y los platos rápidos dominan cada vez más el panorama gastronómico, la cocina iraní es casi un acto de resistencia. Y una vez que te enganchas, es muy difícil volver atrás.