De Shiraz a Madrid: cómo los versos de Hafiz y Rumi están despertando a los poetas españoles de hoy
Photo: Sultan Muhammad Nur, CC0, via Wikimedia Commons
Hay algo que no cuadra a primera vista: un poeta nacido en el siglo XIII en lo que hoy es Irán, escribiendo en farsi sobre el amor divino y la embriaguez del alma, y sin embargo sus palabras resuenan con fuerza en los bares literarios de Malasaña, en los talleres de escritura de Lavapiés y en los márgenes de los cuadernos de jóvenes poetas madrileños. Pero si te paras a pensarlo, tiene todo el sentido del mundo.
La poesía persa clásica —y en particular la obra de Hafiz de Shiraz y Jalal ad-Din Rumi— está viviendo un momento de redescubrimiento genuino en la escena literaria de Madrid. No hablamos de una moda pasajera ni de un interés académico reservado a los pasillos de la Complutense. Hablamos de algo más orgánico, más callejero, más real.
El boca a boca que nadie esperaba
Todo parece haber empezado, como tantas cosas buenas, de forma casi accidental. Varias librerías independientes del centro de Madrid —especialmente en el eje Arganzuela-Lavapiés— comenzaron a notar hace un par de años que las traducciones de Rumi al castellano se agotaban con una velocidad inusual. No era el público universitario el que las compraba. Eran lectores jóvenes, de entre veinte y treinta y pocos años, que llegaban recomendados por amigos o por publicaciones en redes sociales.
«Al principio pensé que era una tendencia pasajera, de esas que llegan con un algoritmo y se van con el siguiente», cuenta la responsable de una pequeña librería especializada en poesía en el barrio de Embajadores. «Pero los que compraban a Rumi volvían. Y preguntaban por Hafiz, por Omar Jayam, por Attar. Había algo que los enganchaba de verdad».
Esa fidelidad tiene una explicación. La poesía sufí —corriente mística del islam a la que pertenecen tanto Rumi como Hafiz— trabaja con imágenes universales: el vino como metáfora del éxtasis espiritual, el amado como símbolo de lo divino, el viaje del alma hacia algo más grande que uno mismo. Son imágenes que trascienden el tiempo y la geografía, y que conectan con una generación española que busca profundidad en un mundo saturado de superficialidad.
Círculos de lectura: donde los versos cobran voz
Uno de los fenómenos más interesantes de este despertar poético es la proliferación de círculos de lectura dedicados total o parcialmente a la literatura persa. En Madrid funcionan al menos cuatro o cinco grupos estables que se reúnen mensualmente para leer, comentar y debatir sobre poesía clásica persa.
El más conocido de ellos lleva reuniéndose desde hace casi tres años en un café del barrio de Chueca. Lo fundó un grupo de amigos —ninguno de ellos iraní, por cierto— que se conocieron en un taller de escritura creativa. «Empezamos con Rumi casi por casualidad, porque alguien trajo una traducción de Coleman Barks al inglés y otra de Clara Janés al castellano, y nos pusimos a comparar», explica uno de sus fundadores. «Fue una revelación. Nos dimos cuenta de que la lengua en la que lees a Rumi cambia completamente la experiencia».
Esa pregunta sobre la traducción es central en estos círculos. ¿Qué se pierde al trasladar el farsi al castellano? ¿Qué gana? ¿Qué hacemos cuando el traductor interpreta en lugar de traducir? Son preguntas que, de paso, obligan a los participantes a reflexionar sobre su propio idioma y su propia tradición poética.
Las traducciones que están marcando la diferencia
Hablar de poesía persa en España es hablar, inevitablemente, de traductores. Y aquí el panorama es más rico de lo que podría parecer. Además de las versiones clásicas de autores como Juan Vernet o Rafael Cansinos Assens, en los últimos años han aparecido nuevas traducciones que han renovado el acceso a estos textos.
La poeta y traductora Clara Janés lleva décadas siendo un puente fundamental entre la literatura persa y el lector español. Sus versiones de Hafiz —cuidadosas, musicales, respetuosas con la ambigüedad del original— son las que más circulan en los círculos literarios madrileños. Pero junto a ella han surgido nuevas voces: traductores más jóvenes que trabajan directamente desde el farsi y que aportan una sensibilidad contemporánea a textos medievales.
«El problema con muchas traducciones de Rumi al español es que pasan por el inglés», señala un poeta madrileño que lleva años estudiando farsi de forma autodidacta. «Y eso supone una doble mediación, una doble pérdida. Cuando lees directamente del farsi, aunque sea con diccionario, hay una musicalidad, una densidad de significados, que ninguna traducción puede capturar del todo».
Poetas españoles que reescriben desde Persia
Pero quizás lo más llamativo de este fenómeno no es solo que los madrileños lean a Hafiz o a Rumi. Es que los están reescribiendo. Hay una generación de poetas españoles —algunos publicados, muchos todavía en los márgenes— que está incorporando la estética, la filosofía y las imágenes de la poesía persa a su propia obra.
El gazal, forma poética persa caracterizada por su estructura en dísticos y su tema amoroso-místico, ha encontrado cultores inesperados en Madrid. Varios poetas jóvenes han experimentado con esta forma, adaptándola al castellano con resultados sorprendentes. No se trata de imitar, sino de dialogar: tomar una forma antigua y cargarla con las angustias, los deseos y las preguntas de la España de hoy.
«Lo que me fascina de Hafiz es que nunca sabes del todo si habla del amor humano o del amor divino», dice una poeta de Carabanchel que ha publicado recientemente un poemario con claras influencias persas. «Esa ambigüedad es exactamente lo que me interesa explorar en mi propia escritura. El amor como umbral».
Madrid como cruce de caminos
Hay algo profundamente madrileño en todo esto. Madrid ha sido históricamente una ciudad de encuentros, de mezclas, de influencias que llegan de lejos y se transforman al contacto con lo local. La poesía persa no es una excepción: llega a esta ciudad y se convierte en algo nuevo, algo que no es ni puramente persa ni puramente español, sino una conversación entre dos tradiciones separadas por siglos y kilómetros.
Para quienes quieran sumarse a esta conversación, el punto de entrada más sencillo sigue siendo una buena traducción y un grupo donde leerla en voz alta. Porque la poesía persa, como toda gran poesía, necesita ser escuchada para revelar su verdadera dimensión. Y Madrid, que nunca ha sido una ciudad tímida, está aprendiendo a pronunciar los nombres de Hafiz y Rumi con una naturalidad que, hace apenas unos años, habría resultado impensable.