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Geometría que habla al alma: los espacios de inspiración persa que debes descubrir en Madrid

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Geometría que habla al alma: los espacios de inspiración persa que debes descubrir en Madrid

Photo: Canes, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

Existe un momento particular cuando entras en ciertos espacios: el ruido de la calle se apaga, la luz cambia de textura y algo en ti se ralentiza. No es magia, aunque lo parezca. Es arquitectura bien hecha, arquitectura que fue diseñada precisamente para provocar eso: una pausa, una contemplación, una sensación de estar en otro lugar y en otro tiempo.

La tradición arquitectónica persa lleva siglos perfeccionando ese efecto. Desde los palacios de Persépolis hasta los jardines de Isfahán, el diseño clásico iraní ha desarrollado un lenguaje visual único, basado en la geometría, la luz filtrada, el agua y el ornamento como herramientas espirituales. Y aunque Madrid no es Isfahán, hay en la capital española una serie de espacios que, con mayor o menor fidelidad, evocan esa misma sensación de belleza ordenada y contemplativa.

Los principios del diseño persa: más que decoración

Antes de salir a explorar, conviene entender qué hace que un espacio sea «persa» en términos arquitectónicos. No se trata solo de poner azulejos de colores o colgar una lámpara de araña. La arquitectura clásica iraní responde a una filosofía concreta.

El primero de sus principios es la geometría sagrada: los patrones que decoran paredes, suelos y cúpulas no son arbitrarios. Están basados en proporciones matemáticas que los artesanos persas consideraban un reflejo del orden divino del universo. Hexágonos, estrellas de ocho puntas, arabescos entrelazados: cada figura tiene un significado y una función visual que va más allá de lo decorativo.

El segundo principio es el tratamiento de la luz. Las celosías de madera o piedra (los famosos mashrabiya), los vitrales de colores y los patios interiores abiertos al cielo son recursos típicos de la arquitectura persa para controlar cómo entra la luz en un espacio, creando efectos de claroscuro que cambian a lo largo del día.

El tercero es la integración del agua y la naturaleza. El jardín persa, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es en sí mismo un ejercicio de arquitectura: un espacio ordenado que representa el paraíso en la tierra (la palabra «paraíso» viene precisamente del persa pairidaeza, que significa jardín cercado).

La mezquita de Madrid: donde la geometría islámica cobra vida

El punto de partida obligado para cualquier recorrido por la arquitectura de influencia persa en Madrid es el Centro Cultural Islámico de Madrid, popularmente conocido como la Mezquita de la M-30, situado en la calle Salvador de Madariaga, en el distrito de Hortaleza.

Inaugurada en 1992, esta mezquita es la más grande de España y una de las más importantes de Europa occidental. Su arquitectura combina elementos del diseño islámico clásico —que en muchos casos tiene raíces directas en la tradición persa sasánida y abasí— con soluciones modernas. La cúpula central, los minaretes, los patios con fuentes y los intrincados mosaicos del interior crean una atmósfera que, para quien llega desde el bullicio de la ciudad, resulta casi irreal.

El acceso al recinto es libre para visitantes no musulmanes en determinados horarios, y merece la pena reservar un momento para sentarse en el patio y simplemente observar cómo la luz va cambiando sobre los mosaicos. Es una experiencia que no tiene precio.

Galerías y espacios culturales: el diseño persa como arte contemporáneo

Más allá de los espacios religiosos, Madrid cuenta con una serie de galerías y centros culturales que han incorporado elementos del diseño oriental en su arquitectura o en sus instalaciones permanentes.

El Museo Nacional de Artes Decorativas, en el paseo de la castellana, alberga en su colección piezas de cerámica, textiles y objetos de uso cotidiano del mundo islámico y persa que permiten entender de primera mano cómo los principios geométricos se aplicaban no solo a los grandes edificios sino también a los objetos más pequeños. Sus salas dedicadas al arte oriental son una clase magistral de diseño aplicado.

Por su parte, la Casa Árabe, con sede en el barrio de Almagro, organiza regularmente exposiciones y eventos relacionados con la cultura del mundo árabe e islámico, con presencia frecuente de arte y arquitectura iraní. Su propio edificio, un palacete del siglo XIX restaurado con mimo, crea un diálogo interesante entre la arquitectura española y los objetos y fotografías orientales que acoge en su interior.

Cafeterías y restaurantes: donde el ambiente lo es todo

Quizás los espacios más accesibles para el gran público sean los establecimientos de hostelería de inspiración persa o del Oriente Próximo que han ido abriendo en Madrid en los últimos años. No son simples restaurantes: son ejercicios de diseño de interiores que buscan recrear la atmósfera de un chai-khane (casa de té iraní) o de un salón de recepción persa tradicional.

Locales como Farahani, en el centro de la ciudad, o varios establecimientos de cocina oriental dispersos por los barrios de Malasaña y Chueca han apostado por interiorismo de inspiración persa: lámparas de latón perforado que proyectan constelaciones de luz sobre las paredes, cojines con estampados geométricos, mesas bajas de madera tallada y, en algunos casos, celosías que filtran la luz de forma que recuerda a los mashrabiya tradicionales.

Sentarse en uno de estos locales con un té de azafrán y un trozo de baklava mientras se observa cómo la luz juega entre los calados de una lámpara es, en pequeña escala, una experiencia genuinamente persa.

El jardín como arquitectura: una tradición que Madrid puede adoptar

Uno de los elementos más característicos del diseño persa que paradójicamente brilla por su ausencia en Madrid es el jardín formal. Los jardines persas, con su trazado en cuatro cuadrantes divididos por canales de agua (el llamado chahar bagh, o jardín de los cuatro jardines), son una de las grandes aportaciones de Irán a la historia del diseño paisajístico.

Aunque Madrid no cuenta con un jardín persa propiamente dicho, algunos parques como el Jardín de El Retiro o los Jardines de Sabatini guardan cierta resonancia con esa idea de naturaleza ordenada y contemplativa. Y existen proyectos académicos y culturales que abogan por crear en la capital un espacio verde inspirado en esta tradición. Sería, desde luego, una adición más que bienvenida.

Una ciudad que se deja sorprender

Madrid tiene la virtud de ser una ciudad porosa, abierta a lo que llega de fuera. La arquitectura persa, con su capacidad para crear belleza a partir de la matemática y la luz, tiene mucho que ofrecer a una capital que ya ha demostrado su apetito por lo diverso. Saber mirar estos espacios con ojos nuevos es, en sí mismo, una forma de viajar sin salir de casa.

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