Agua de rosas, azafrán y plantas milenarias: los secretos de la medicina persa que están conquistando las herboristerías de Madrid
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Si en los últimos meses has entrado en alguna herboristería del centro de Madrid y has visto botes de agua de rosas iraní, cápsulas de nigella sativa o extractos de berberina procedentes de la raíz de agracejo persa, no te ha engañado la vista. Algo está cambiando en el mercado del bienestar madrileño, y tiene mucho que ver con una tradición médica que lleva más de mil años refinándose: la medicina Unani, también conocida como medicina persa tradicional.
El término «Unani» viene del árabe y significa, literalmente, «griega» —en referencia a sus raíces hipocráticas—, pero fue en el mundo islámico medieval, y muy especialmente en Persia, donde este sistema alcanzó su máximo esplendor. Figuras como Avicena (Ibn Sina) sistematizaron un conocimiento médico que combinaba la observación clínica con la filosofía natural y el uso de plantas, minerales y alimentos como herramientas terapéuticas. Su obra más célebre, el Canon de Medicina, fue manual de referencia en las universidades europeas hasta bien entrado el siglo XVII.
Del Canon de Medicina al estante de la herboristería
Hoy, ese legado está llegando a Madrid de una forma muy concreta y muy cotidiana: a través de productos que antes costaba encontrar fuera de tiendas especializadas en comunidades iraníes o paquistaníes, y que ahora aparecen en herboristerías generalistas de barrios como Chamberí, La Latina o Hortaleza.
El agua de rosas iraní es probablemente el ejemplo más visible. Destilada de pétalos de rosa de Damasco cultivados principalmente en la región de Kashan, este producto tiene en la medicina persa un rol que va mucho más allá del cosmético. Se usa para calmar el sistema nervioso, mejorar la digestión, refrescar la piel y, según la tradición Unani, equilibrar los «humores» del cuerpo. En Madrid, cada vez más tiendas de cosmética natural y herboristerías lo ofrecen como tónico facial o complemento alimentario, y los clientes —en su mayoría sin origen iraní— lo están adoptando con entusiasmo.
«Empecé a vender agua de rosas iraní hace dos años casi sin esperarlo», cuenta el propietario de una herboristería en el barrio de Malasaña. «Una clienta me la pidió específicamente, dijo que la había descubierto a través de una amiga iraní. La traje, la puse en el estante, y en dos semanas se había agotado. Ahora es uno de mis productos más vendidos».
El azafrán: más que un colorante de paella
Si hay un ingrediente que conecta la cocina persa con su tradición médica, ese es el azafrán. Irán es el mayor productor mundial de esta especia, y en la medicina Unani sus propiedades van mucho más allá de dar color al arroz. Se le atribuyen efectos antidepresivos, antiinflamatorios y digestivos, y en los últimos años la investigación científica ha comenzado a respaldar algunas de estas propiedades tradicionales.
En Madrid, el azafrán iraní de alta calidad —muy diferente al que se vende en sobrecitos en los supermercados— ha encontrado un nicho de mercado entre cocineros aficionados y personas interesadas en complementos naturales. Algunas herboristerías lo ofrecen en forma de extracto o tintura, siguiendo preparaciones que recuerdan más a la farmacia tradicional que al especiero.
«El azafrán persa tiene una concentración de crocina y safranal mucho mayor que el que se produce en La Mancha», explica una naturópata que trabaja en una clínica de medicina integrativa en el norte de Madrid. «No estoy diciendo que uno sea mejor que el otro, sino que son productos distintos, con perfiles de sabor y de acción diferentes. Para uso terapéutico, el iraní tiene una larga historia documentada».
Nigella sativa: la semilla que lo cura todo (o casi)
Otro de los grandes protagonistas de esta oleada de interés por la fitoterapia persa es la nigella sativa, conocida en el mundo árabe como «habbatus sauda» y en España como neguilla o ajenuz. En la tradición islámica hay un hadiz —dicho del Profeta Mahoma— que afirma que la nigella sativa «cura todo excepto la muerte», lo que da una idea de la importancia que se le ha dado históricamente en la medicina tradicional del mundo islámico.
En Madrid, el aceite de nigella sativa se ha convertido en uno de los complementos más buscados en tiendas de productos naturales. Se vende como refuerzo inmunológico, antiinflamatorio y apoyo digestivo. Y aunque la ciencia todavía está explorando sus aplicaciones, los estudios preliminares sobre su componente activo principal —la timoquinona— son lo suficientemente prometedores como para que el interés médico vaya en aumento.
«Mis clientes me preguntan mucho por el aceite de nigella», dice la propietaria de una tienda de productos orientales en Lavapiés que combina alimentación, cosmética y productos de bienestar. «Sobre todo gente joven, muy informada, que viene sabiendo exactamente lo que busca. Muchos lo han conocido a través de TikTok o de influencers de bienestar, pero luego investigan y llegan aquí con preguntas muy concretas».
Más allá de los productos: el enfoque holístico
Lo interesante de la medicina Unani no es solo el catálogo de plantas y remedios que ofrece, sino la filosofía que los sustenta. A diferencia de la medicina convencional occidental, que tiende a tratar síntomas específicos, el sistema Unani parte de una visión del cuerpo como un todo en equilibrio. La enfermedad se entiende como un desequilibrio entre los cuatro humores —sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra—, y el tratamiento busca restaurar ese equilibrio a través de la dieta, el estilo de vida, las plantas medicinales y, en algunos casos, técnicas como el masaje o la ventosaterapia.
Este enfoque holístico resuena bien con una parte del público madrileño que ha llegado al bienestar natural después de sentirse insatisfecho con respuestas médicas parciales. No se trata de rechazar la medicina convencional, sino de complementarla con una perspectiva que tiene en cuenta al individuo completo.
«Lo que más me gusta de la medicina persa tradicional es que pregunta por tu vida entera, no solo por tu síntoma», dice una madrileña de cuarenta años que lleva dos años incorporando productos Unani a su rutina de salud. «Te pregunta cómo duermes, qué comes, cómo manejas el estrés. Es una medicina que te trata como persona».
Dónde encontrar estos productos en Madrid
Para quienes quieran explorar este universo, Madrid ofrece cada vez más opciones. Además de las tiendas de productos orientales del barrio de Lavapiés y sus alrededores —donde se pueden encontrar desde agua de rosas hasta extractos de raíz de regaliz iraní—, varias herboristerías generalistas del centro han ampliado su surtido con productos de inspiración Unani.
Algunas clínicas de medicina integrativa también han comenzado a incorporar la consulta Unani como servicio, aunque este campo todavía es muy incipiente en España comparado con países como el Reino Unido, donde la comunidad paquistaní y bangladesí ha mantenido viva esta tradición durante décadas.
Lo que está claro es que el interés existe y va en aumento. Madrid, ciudad curiosa y abierta, está descubriendo que el bienestar también puede tener aroma a rosas de Kashan y color de azafrán de Jorasán. Y que algunas de las respuestas más antiguas pueden ser, a veces, las más relevantes.